Godoy, una visión particular, capítulo 4

La guerra contra la Convención.

     Como vimos anteriormente, nuestro personaje es ascendido al más alto honor concedido por la corona en un ambiente internacional enrarecido: Su antecesor, Aranda, había reconocido a la República Francesa con la esperanza de que España permaneciera neutral en la guerra que ya había comenzado. Lo cual supuso su destitución y el posterior nombramiento de Godoy como hombre fuerte. Esta fue una de las decisiones más nefastas que pudieran tomar los reyes, puesto que se necesitaba a alguien mucho más inteligente y que se supiera mover mejor en las turbulentas aguas internacionales.
    La guerra contra la Convención requiere un artículo propio, que viene a continuación, haciendo aquí un breve resumen de dicha guerra y sus terribles consecuencias, puesto que es, de hecho, el origen de todos los males posteriores.
    Tras la ejecución del rey de Francia (23 de enero de 1793), España no declaró inmediatamente la guerra, si no que se dedicó a esperar a que Francia se debilitara. Pero la maniobra no salió bien, pues fue Francia la que nos declararía la guerra el 7 de marzo de 1793.
     Al mando de la expedición española Godoy nombró al General Ricardos. Esta fue una gran elección, pues este era un o de los mejores generales del momento. 
General Ricardos

Al principio de la campaña las cosas no pudieron ir mejor para los españoles, siendo el único ejército de Europa que estaba derrotando a los revolucionarios, pero al final de la campaña, debido sobre todo a la falta de suministros, los españoles se tuvieron que retirar. Si a esto unimos las inoportunas órdenes de Godoy, la muerte de Ricardos y la contraofensiva francesa, da como resultado que en 1794 los franceses habían tomado parte de las provincias vascongadas. (Uso la nomenclatura del Siglo XVIII y XIX, no hay más que mirar un mapa de la época).
    Estando así las cosas, no se podía hacer otra cosa más que pedir la paz, que tras la muerte de Robespierre (28 de julio de 1794), también la deseaban los franceses, pues a pesar de sus éxitos no les había ido tan bien en la guerra y además evitaban así tener otro frente más abierto.
Maximilien Robespierre
    Al conjunto de tratados firmados con Francia se le conoce como La Paz de Basilea, según los cuales España recuperaba Guipúzcoa a cambio de Santo Domingo. Por la negociación de este documento se le otorgó a D. Manuel un nuevo (y pintoresco) título Príncipe de la Paz. Aquí, en España, se veía con buenos ojos esta nueva paz, pues se recuperaba, según la estrechísima visión de aquellos hombres, un aliado que nos ayudaría en nuestra particular guerra contra Gran Bretaña. Volvíamos a la antigua alianza Franco-hispana que según los reyes, nunca hubo de haberse roto. Así pues, tras la “fabulosa” negociación del tratado, y para reforzar nuestros lazos con la Francia amiga contra la “pérfida Albión”, se firmó el no menos nefasto Tratado de San Ildefonso, del que hablaremos más adelante.

Pintado rápido de ejércitos: Imprimación de colores y Dipping

El uso combinado de las dos técnicas, la imprimación de colores y el “Dipping”, reduce considerablemente el tiempo de pintado de un ejército, y sobretodo disminuye el esfuerzo. 
Primero hablemos de la imprimación de colores. Se trata de un spray de imprimación pero que en vez de ser negro, blanco o gris tradicionales, es de cualquier otro color. El empleo es indicado sobre aquellas miniaturas en las que predomine dicho color. Así, si estamos pintando un ejército de la Unión de la guerra de secesión, usaremos el azul, gris si es confederado, etc. La variedad existente en el mercado es muy amplia. Para carros de combate americanos o soviéticos es lo más adecuado, pues la capa que ofrece es muy homogénea.
A continuación pongo un vídeo de la casa que los fabrica donde se ve cómo usarlo

En el vídeo lo que están pintando son “Ángeles Sangrientos” cuyo color base es el rojo, pero como digo, puede usarse para cualquier ejército histórico tipo Confederado, de la Unión, tanques, etc.
Tras este paso, solo nos queda dar los detalles de las armas, correajes, etc.
Como pongo en el título, se trata de hacer un ejército muy rápido. Tras el secado de la pintura, unas 24 horas, aplicaremos el Dipping. Consiste en sumergir la miniatura en un producto parecido al betún de judea, pero específico para miniaturas. Aquí os pongo 2 vídeos de cómo aplicarlo. En el primero se ve cómo se sumerge cada miniatura en el bote y luego se sacude bien para eliminar sobrantes, y en segundo se aplica a pincel, siendo este un método más fino y limpio, pero más trabajoso.
Pero CUIDADO: El acabado es brillante. Para solucionarlo no hay más que esperar 2 ó 3 días para aplicar un barniz mate y se soluciona el problema.

Godoy, una visión particular, Capítulo 3

EL ASCENSO METEÓRICO

Hay que reconocer que pocas personas han ascendido tantísimo en tan poco tiempo. Habíamos dejado a nuestro protagonista en el año 1788 como miembro de la Guardia de Corps y amigo de los Príncipes de Asturias. 
Conde de Floridablanca



En aquel tiempo, el hombre fuerte era Floridablanca, nombrado por Carlos III y a su muerte, ese mismo año, dejó en su testamento que debía de permanecer en el puesto como hombre de confianza. Como se puede apreciar era una decisión forzada.  Cabe recalcar aquí que al futuro rey de España no le gustaba gobernar, es más, no quería. Lo encontraba engorroso y aburrido, y le distraía de sus aficiones, tales como la relojería. Además, Carlos IV no confiaba en él, o mejor dicho quería tener a su lado una persona totalmente leal a su persona y que no fuera impuesta. Si a esto sumamos la más que amistad que tenía María Luisa con Godoy, no sorprende que fuera este el elegido.
Asciende al trono Carlos IV el día 14 de diciembre y el día 30 es ascendido a Cadete supernumerario con servicio en palacio, lo que significa un gran honor y que los reyes ya contaban con D. Manuel como hombre de confianza. Pero no podían ponerlo aún como valido del rey puesto que no venía de una gran familia nobiliaria, si no de una familia de la baja nobleza. Había que dotarle de títulos importantes para que pudiera codearse con el resto de los nobles. Además, Floridablanca aún era el que verdaderamente mandaba en la Corte de Madrid, y no se iba a dejar pisar el terreno tan fácilmente por un recién llegado.
Llega el año de la Revolución Francesa, 1789, (toma de la Bastilla) y pululan por Francia los escritos revolucionarios. Floridablanca, que hasta la fecha había sido un ilustrado, ve el peligro de que dichas ideas puedan fraguar en España y se propone atajarlo cerrando las fronteras con nuestro vecino del norte. Ese mismo año, en mayo, Godoy es ascendido a coronel de caballería. 
En julio estalla la Revolución Francesa, y el primer ministro Floridablanca, hace que el cierre de fronteras sea más férreo (aunque no lo consiguió del todo), y mandó unas notas amenazadoras a Francia. No se podía tolerar la subversión del orden establecido en Francia, un vecino tan cercano. Como se ve, la situación internacional era muy tensa. En este contexto, los reyes (y sobretodo la reina) ya habían tomado la determinación de poner a su amigo al frente de España, pues en noviembre lo nombran caballero de Santiago, y en 1790, Comendador de la Orden. En 1791 pasa a ser mariscal de campo, gentilhombre de cámara y en julio es nombrado teniente general y se le otorga la gran cruz de Carlos III.
Ese mismo año es detenido en Francia Luis XVI, y la reacción de Floridablanca fue la de responsabilizar a la Asamblea de la seguridad del rey, consiguiendo el efecto contrario, agravando aún más su situación. Fruto de esta actuación fue la de aumentar la tensión entre ambas naciones. Además, acusó a Godoy de ser amante de Dª Mª Luisa, lo cual fue la gota que colmó el vaso: No solo había puesto en peligro la paz entre los dos estados, si no que además acusaba a la reina de tener como amante a un advenedizo adulador. El resultado fue su inmediata destitución y la cárcel. En enero de 1792 fue substituido por Aranda, su adversario político, y amigo de los revolucionarios franceses. Este nombramiento es visto por varios autores como una maniobra para situar a Godoy como favorito del rey, pues ese mismo año se le nombra duque de Alcudia (título con el que ya obtenía gran poder en el gobierno) y Grande de España. Aranda tuvo el tropiezo que estaban esperando: reconoció a la república francesa a cambio de la neutralidad de nuestra patria en la guerra que ya había comenzado contra Austria y demás países que no la habían reconocido. Aunque la decisión era oportuna, pues la Hacienda Pública estaba más que en horas bajas, no fue bien visto por los nobles españoles que veían un gran peligro en aquella revolución. Este fue el momento para nombrar a D. Manuel Godoy  como Secretario de Estado y darle el Toisón de oro.
Así pues, con 25 años de edad, Godoy se convertía en el Secretario de Estado más joven de España. No es que fuera mal visto por los coetáneos el que una persona tan joven ascendiera a tan gran honor, pues en Gran Bretaña se tenía un ejemplo parecido, si no que lo que sí se veía con muy malos ojos es el cómo lo había logrado. Como ya dije anteriormente, se debió no solo por ser amante de la reina, (se le atribuye la paternidad de dos de los hijos de la reina, y su suegra se refería a ella como pequeña bastarda epiléptica procreada por el crimen y la maldad), si no también por la amistad y lealtad para con con el rey, y la apatía de este para gobernar.

Napoleon’s Battles, el juego veterano de Avalon Hill PRIMERA PARTE

Hola a todos,
Hoy le toca el turno a uno de los juegos más veteranos de entre los wargames: Napoleon’s Battles
Se trata de otro wargame táctico, especialmente diseñado para GRANDES batallas. La escala recomendada para las miniaturas es 15 mm.
Empecemos a comentar lo que nos vamos a encontrar en la caja, porque este juego, en lugar de venir un reglamento en solitario, viene editado en caja.

Como todos los juegos de Avalon Hill está diseñado para empezar a jugar ya, aunque no tengas ninguna miniatura y sea este tu primer reglamento. Aunque, por supuesto, es necesario jugar con miniaturas. Me explico: Al abrir la caja nos encontramos el libreto del reglamento, un libreto de escenarios y un libreto de “Introducción a los juegos con miniaturas”, fichas de ejército (muy pormenorizada), además de las plantillas necesarias para jugar, un marcador de turnos, una hoja de escenografía recortable (con dibujos magníficos de zonas boscosas y zonas edificadas) y fichas troqueladas con las unidades necesarias para jugar los 2 escenarios introductorios representando tropas francesas, rusas y austriacas.
Consideraciones generales
Es otro juego muy fácil de aprender… tras las dos primeras partidas de prueba. Como el reglamento está dividido en juego básico y avanzado, si se juega el básico, es muy ágil de jugar. Para usar las reglas avanzadas es más que recomendable haber jugado e interiorizado las reglas básicas. No es que sean muy complejas, sino que añaden realismo a la partida y en general hacen que cada fase sea algo más larga.
Esto nos lleva al realismo del juego

Dada la escala que se usa, donde el jugador puede desempeñar el papel del Emperador, no se mete en demasiadas complejidades tácticas, tales como el uso de los tiradores (que simplemente no aparecen, pues en las fichas de ejército está la característica de “Modificador de disparo” y se supone que aquí ya está incluida la capacidad de desplegar los tiradores o no). El movimiento de las unidades, gracias a la plantilla que nos proporcionan, hace que los giros sean verdaderamente reales. El diseñador hace que desaparezcan varias consideraciones tácticas, pues el nivel inferior del juego es el de regimiento.

Esto quiere decir: Cada unidad representa un regimiento. Cada miniatura de infantería representa a una compañía de infantería, un escuadrón de caballería, y las de artillería a una batería. Por ello, las órdenes que se pueden dar son a este nivel, y dadas las características de cada unidad, se supone que el coronel se encarga de hacerlas cumplir a sus batallones.

El uso de la caballería es de lo mejor que he visto en reglamentos napoleónicos, pudiendo reservar varias unidades (o todas) para poder usarlas en el turno del contrario.
Por tanto, la conclusión sacada hasta aquí es que se trata de un buen juego, y que para la escala a la que se juega, deja de lado aspectos tácticos, ofreciendo al jugador la oportunidad de realizar decisiones a nivel de Jefe de Ala o de Cuerpo de ejército.
Más adelante comentaré otros aspectos tales como interactividad, fases del turno y la nota final.

Godoy, una visión particular, Capítulo 2

Primeros años.

D. Manuel Domingo Francisco Godoy Álvarez de Faria nació en la calle Santa Lucía de Badajoz el 12 de mayo de 1767, hijo de José Godoy y Sánchez de los Ríos, y de doña María Antonia Justa Álvarez de Faria y Sánchez Zarzosa. El padre de D. Manuel era coronel del ejército, regidor perpetuo de Badajoz y alcalde de Santa Hermandad por el estamento nobiliario en 1768, 1778, 1779 y 1786, y su madre, era de origen portugués pero nacida igualmente en Badajoz. Ambos pertenecían a la nobleza de provincias, aunque venida a menos, lo que les permitía el acceso a cargos que sólo los nobles podían ocupar en aquellos tiempos. Así, por ejemplo, cabe destacar que varios antepasados de Godoy pertenecieron a las Ordenes Militares de Santiago y Calatrava, igual que el mismo y dos de sus hermanos (uno de ellos fue maestre de ambas). Para el ingreso en las mismas se requería probar nobleza no interrumpida en ocho grados.

El joven D. Manuel recibió una educación esmerada, adquiriendo conocimientos de matemáticas, humanidades y filosofía, así como instrucción en esgrima y equitación, siendo estos últimos conocimientos imprescindibles para poder ejercer cualquier puesto en la carrera militar.



D. Manuel Godoy



Al cumplir los 17 años, en 1784, fue enviado a la corte de Carlos III, donde ingresó en la Guardia de Corps, donde ya estaba su hermano mayor Luis.

El accidente que le cambió la vida

Tal y como cuenta su propio hermano: Manuel, en el camino de La Granja a Segovia, tuvo una caída del caballo que montaba. Lleno de coraje lo dominó y volvió a cabalgarlo. Como iba en la escolta de la Serenísima Princesa de Asturias, tanto esta como el Príncipe se han interesado vivamente por lo ocurrido.

Dado que D. Manuel estaba dotado de una conversación amena y un trato seductor se fue granjeando la simpatía y amistad de los Príncipes de Asturias, María Luisa y Carlos en 1788 cuando fueron presentados oficialmente.

   D. Carlos IV en su juventud                                                                    Dª. María Luisa de Parma 1789


















Hay autores que aseguran que tras el accidente D. Manuel y Dª. María Luisa fueron amantes, pero no hay pruebas de ello, aunque es cierto que Dª. María Luisa fue infiel a su marido en numerosas ocasiones. Por ejemplo se sabe que sí fue amante del hermano de D. Manuel, lo cual supuso que el rey Carlos III lo desterrara de la corte.
Lo que se puede desprender de este echo es que se granjearon una amistad mutua los príncipes de Asturias y el futuro valido y que tanto el fruto de esta amistad, como sus dotes como adulador y el carisma de D. Manuel, provocaron el inicio de una carrera vertiginosa. Lo que no se puede asegurar es que fuera ascendido por ser amante de la reina, pues de ser así, más de media corte madrileña habría tenido el mismo ascenso. Por tanto el ser, o no, amante de la reina es irrelevante para ver en ello la única razón de su ascenso.


Hasta ahora hemos visto lo que podría ser la vida de cualquier noble de su época; a partir de ahora veremos la vertiginosa ascensión hasta convertirse en el hombre más poderoso del reino y cómo fue enmarañándose la situación, las decisiones que tomó y las consecuencias de las mismas, hasta convertirse en el hombre más odiado de España. Pero eso será en siguientes capítulos.


Fuentes consultadas para el presente capítulo: WIKIPEDIA, ARTEHISTORIA.COM y Boadillla.com/pages/godoy.htm

Lasalle, el wargame de Sam A. Mustafa, 2ª Parte

Para seguir con el análisis del juego, he de comentar varios aspectos. Se trata de un juego táctico pero no de escaramuzas y es ideal para PEQUEÑAS batallas, o, como dice el propio autor, el “momento de una batalla”. Esto quiere decir que en el contexto de una gran batalla, te pones al mando de una división y que el mariscal te ha encomendado una misión. Para el caso del atacante, la orden es clara: romper el frente enemigo por el punto asignado, toda la batalla depende de que tu ataque sea exitoso. Para el caso del defensor, evidentemente, has de impedir el avance enemigo, pues eso supondría la derrota total de tu ejército.

Por esta razón, en este reglamento no aparece la figura del mensajero, o las órdenes que pueda dar el general al mando a los mandos inferiores. Al nivel al que se plantea la partida, se supone que acabas de recibir tú las órdenes del general y las has distribuido entre tus subordinados.


Otro aspecto que llama la atención es la estructura del turno. No es la habitual en otros wargames, esto es, movimiento – cargas (y reacciones) – disparo – resolución del combate, si no que el turno comienza con la fase de reacción (disparo incluido), para después pasar al movimiento y las cargas. Dicho así parece complejo, pero una vez leído el reglamento, uno se da cuenta de que no lo es en absoluto. De echo esto es lo que lo hace realmente interesante, pues obliga al jugador con el turno haya de pensar muy bien las consecuencias de todos sus movimientos, puesto que a continuación será el contrario el que reaccione y dispare, para luego cargarle. Además, el que la fase de disparo esté unida a la de reacción (en el reglamento se la trata como una reacción más) lo hace más realista y evita una fase, que aparece en algunos wargames, que es la fase de fuego de artillería.

El disparo de las unidades y de la artillería es muy sencillo (y mortífero, tal y como ocurría en la época); y al prohibir disparar si se tienen unidades amigas en el campo de tiro obliga, igualmente a ser verdaderamente cuidadoso con los movimientos propios.

La resolución de los combates es, como en todos estos juegos, lo más complejo. Se hace mediante el sistema de añadir o restar dados, dependiendo del tamaño de la unidad y ciertas ventajas tácticas, para al final, si se cumplen ciertos requisitos, sufrir la penalización de dividirlos a la mitad. El resultado se compara con el del jugador contrario y dependiendo de quién haya ganado el combate se mira el resultado en una tabla. Aparentemente la tabla es favorable al atacante… si gana el combate, que no es tan fácil como aparenta, pues si no se han sabido combinar bien los ataques, y no se ha realizado al menos un buen duelo de mosquetes previo, es muy fácil perder el combate. Aunque es verdad que las consecuencias de perder el combate como atacante no son tan catastróficas como las de perderlo siendo el defensor. 

Además, al final de la fase de movimiento se permite a las unidades recuperarse del desorden en las filas. Así, dependiendo de si la unidad ha movido o no, o si está cerca del enemigo, etc. le será más  o menos fácil recuperar el orden en sus filas.

La conclusión es que se trata de un juego bien equilibrado entre la jugabilidad y el realismo. Como nota final le pondría un NOTABLE

Detalle del cómo se hizo, 2ª Parte, los colores básicos

Antes de nada la imprimación
Yo uso, y así lo recomiendo, imprimación negra en espray de VALLEJO
Una vez aplicado, y secado, hay que pasar a los colores básicos. 
Mi técnica es ir aplicando colores oscuros, para luego iluminarlos con luces mediante las técnicas de degradado y difuminado.
Para ello empleo los siguientes tonos como capa base
1.- Blanco puro: (Correajes, y pantalones de las compañías de élite, así como de los oficiales): Gris Londres de Vallejo
2.- Azul: (Zonas azules de las casacas, y algún cubre chacós): Azul Prusia de Andrea
3.- Rojo (Vivos, plumeros, y algunas cuerdas) Rojo Fundation de Citadel
4.- Carne: Me va bastante bien el Rojo Beige de Vallejo
5.- Blanco amarillento (Pantalones de lana virgen) Un tono ocre claro
Tras esto, la miniatura tiene un aspecto apagado, pero no ha de importarnos pues luego viene el proceso de iluminación. Por ejemplo, el blanco puro lleva entre 5 y 6 capas de grises hasta unos toques en blanco… Pero este proceso ya lo iré explicando más adelante.

Godoy, una visión particular

Godoy es un personaje crucial en la Historia de España. Quizá, si hubiera vivido en otra época sería uno más de la legión de políticos desconocidos que han poblado la política nacional. El problema es que era un ¿mediocre? que le tocó lidiar en un momento de la historia verdaderamente complejo, un momento en el que se necesitaba alguien más íntegro moralmente y mucho más inteligente.

Es un personaje crucial porque a causa de sus decisiones, de las malas decisiones,  de sus indecisiones y contradicciones, las consecuencias para nuestra Patria fueron nefastas. Según todos los historiadores de los siglos XIX y parte del XX que han estudiado a este personaje fue el culpable directo e indiscutible de todos los males acaecidos en España desde 1800 hasta el fin del reinado de Fernando VII. Sin embargo, los últimos estudios revisionistas, no solo le exculpan de la mayor parte de las acusaciones de traición, si no que además tratan de recuperar la imagen de D. Manuel. ¿Quién tiene razón? lo estudiaremos a lo largo de varios capítulos