TURDETANOS II: La panoplia ibera

Hola a todos de nuevo

Siguiendo con el tema de los íberos, y más concretamente los turdetanos, he de hablar ahora de su panoplia, esto es: el conjunto de armas de ataque y defensa con las que los íberos iban al combate

ARMAS OFENSIVAS

1.- Armas de cuerpo a cuerpo

  • La Falcata: (ensis falcatus o sable curvo) Es la más emblemática de todas las armas íberas.
 Forjadas con hierro de la mejor calidad, se hacían a medida del guerrero que las portaba, según el tamaño del brazo, y diseñadas para dar tajos. Aunque de origen griego, la falcata hispánica no se parecía a su antecesora, pues esta es una evolución del arma griega. La vaina era de madera, con refuerzos metálicos y forrada en cuero.

Hay que destacar que cada falcata es única, pues cada una, como ya se ha dicho, estaba fabricada a medida, y al gusto del guerrero que la portaba. La medida es desde la punta del dedo corazón hasta el codo

  • El Gladius Hispaniensis: Espada íbera por definición. Se trataba de un arma tan formidable que fue adoptada como propia por las legiones romanas.
Arma diseñada para pinchar. A diferencia de otras espadas, la hoja no era de bordes rectos, estrechándose la hoja hacia la mitad de la misma, para volver a ensancharse en el último tercio para acabar en punta. los íberos utilizaban para “pinchar” al enemigo, cuando avanzaban en formación y cuando el enemigo se descubría, aunque también sería empleada para asestar “tajos”, pues tenía doble filo, no como la falcata que estaba afilada solo por un lado.
  • Espada de antenas y puñal de antenas. Armas de origen celta, y aunque hay certeza arqueológica de su uso por los íberos, fue mucho menos usado por este pueblo. De hecho su uso era más extendido en los pueblos del norte (celtas) y de la meseta (celtíberos). Se diferenciaban solo en el tamaño, A veces el “puñal” era tan grande, que era difícil su clasificación bien como espada corta o como puñal. (Puñal, en torno a 20cm. Espada, en torno a 55cm.)
  • Cuchillo afalcatado. De forma parecida a la falcata, pero de menor tamaño. Se llevaba en la misma vaina de la falcata, junto a cabezas de lanza de repuesto
  •  Pugio: Se trata de otro puñal, de tamaño ajustado al guerrero que lo porta, siendo la medida la de su palma medida desde el dedo corazón hasta la muñeca. Resultaba un arma ideal para apuñalar, pudiendo con una buena acometida perforar una cota de malla. Esto se debía a que poseía un nervio central que dotaba a la hoja de resistencia y firmeza. Adoptado igualmente por el ejército romano con posterioridad.

 2.- Armas arrojadizas

  • Lanza: Aunque también se empleaba en la lucha cuerpo a cuerpo, tal y como se muestra en muchas estelas de la época, era ideal para arrojarla al enemigo.  Consta de dos puntas y un asta. Cada punta era de distinto tamaño, siendo la mayor de ellas la que se usaba habitualmente como arma y la punta menor tenía distintos usos: Para clavar la lanza al suelo mientras descansaba el guerrero, rematar al enemigo caído, o como sustituta de la punta principal en caso de romperse el asta.
  •  El soliferrum: una lanza de larga punta metálica especialmente diseñada para perforar cualquier tipo de escudo, aun cuando éste estuviera forrado en metal. Se usaba igual que la pilum romana, tras lanzarlo en trayectoria parabólica contra las primeras líneas del enemigo, se clavaba en los escudos adversarios y se doblaba, obligando al adversario a desprenderse del escudo. Después desenvainaba su temible espada corta y, protegido por su escudo atacaba usando la espada para pinchar o hendir. Cuando un guerrero fallecía, su Soliferrun se doblaba y se enterraba con él.
  • La honda: esta arma simple y arcaica, a simple vista puede parecer poco menos que inofensiva, pero no es así, un proyectil lanzado por un hondero, podía matar de un único golpe al enemigo. La fuerza centrífuga de la que se vale la honda, sumada al peso de los proyectiles, que eran lanzados a la vez y en gran número, podía hacer estragos en las líneas enemigas, ya fuera por la mortandad que causaba, o porque deshacía las líneas enemigas desorganizando y abriendo huecos en su caballería y su infantería, lo que propiciaba un mejor ataque.

 A estas armas hay que añadir la jabalina, y la falárica, siendo esta última un arma capaz de ser lanzada a gran distancia.
ARMAS DEFENSIVAS
1.- Corazas y protecciones
Varían mucho en función del pueblo íbero que estemos estudiando, así como de la época. Así podemos encontrar que en un pueblo íbero se usaba una protección circular para el pecho y sin embargo otros no llevar ningún tipo de protección. Aún así, podemos definir algunas de ellas
  • Placas circulares: Las más comunes entre los íberos. Se trataba de una placa circular que cubría el pecho de posibles impactos tanto de proyectiles como de armas de cuerpo a cuerpo. Generalmente decorado con una cabeza de lince.
  •  Lóriga de escamas: Las Lorigas son armaduras que cubrían el pecho entero, y, a veces, también la espalda. La loriga de escamas era una protección, a modo de piel de serpiente, que ofrecía movilidad y a la vez una buena protección, aunque no se sabe cómo se hacían, ni cómo se sujetaban las placas de escamas
  • Lóriga de anillas: De origen celta. consistía en anillar a un anillo de metal otros anillos y estos anillos a otros y así sucesivamente. Esta protección, aunque un poco pesada, ofrecía mucha movilidad y una buena protección contra los tajos. Solía cubrir desde el cuello hasta la pierna, además se añadían unas hombreadas de anillas también, para proteger los golpes de filo de las grandes espadas celtas.
  • Protecciones de cuero:  Estas protecciones se solían llevar sobre todo con la coraza circular, era una especie de capa que se introducía por la cabeza y que terminaba en forma de pico por delante y detrás, llegando hasta un poco más abajo de la cintura. 

Este guerrero porta la coraza circular, grebas en ambas piernas, casco y Caetra (escudo circular. Va armado con una falcata.
  • Grebas: protecciones para las espinillas. Solían ir sujetas con dos tiras de cuero, aunque no es raro verlas con una sola tira muy gruesa de cuero a modo de sujeción. Normalmente se llevaban 2, una en cada pierna, pero como era algo caro, no es raro encontrar guerreros que solo llevaran una sola greba como protección de una sola pierna.
  • Casco: Existe una enorme variedad de cascos íberos, siendo la variedad más común la de cuero, pero sin ser extraño ver íberos tocados con cascos de escamas o, incluso, cascos celtas. Otra variedad específica de la zona era el casco turdetano, fabricado de un material parecido al cuero, caía sobre los hombros y llevaba también la crin de caballo. No se sabe con qué material se hacía este casco, ya que no se ha encontrado ningún ejemplar de él en las excavaciones.

 2.- Escudos:

Los íberos usaban básicamente dos tipos de escudos: el redondo, llamado Caetra y el Scutum.

  • Caetra: Este es el escudo propio de los íberos; se trata de un escudo circular no muy grande, que se sujetaba al cuerpo del soldado mediante unas cuerdas, o tiras de cuero, (tahalí) que pasaban por el hombro. Este escudo podía tener variaciones en su protección metálica delantera o umbo.
  •  Scutum o escudo ovalado, de origen celta. Se trata de un elemento de introducción tardía en el ajuar íberos. Se supone que su venida al mundo íbero fue en torno al S. III a. C. con la venida de los romanos. Ofrecía muy buena protección contra las infanterías pesadas, sobre todo las romanas, con las que más lucharon. Poseían un resistente umbo central que protegía la zona del mango. Su peso aproximado era de unos cinco a siete kilogramos.

A continuación muestro el detalle sobre su construcción y su sujeción: 

Se hace notar que la sujeción de este escudo era HORIZONTAL, y no vertical. Esto quiere decir que no se podía sujetar ningún género de lanza con la misma mano con la que se sujeta el escudo. Lo informo, porque hay unas ilustraciones y miniaturas muy bonitas por ahí, pero HISTÓRICAMENTE ERRÓNEAS. Hay muchos errores de ese tipo que son debidos sobre todo a cuadros del S. XIX, e ilustradores de principios del XX. Estos autores, al no haber encontrado evidencia arqueológica alguna pintaron escudos celtas, romanos e íberos con la posición de la mano incorrecta. Lo que es peor: muchos escultores de miniaturas de la época antigua basan sus extraordinarias miniaturas en dichas incorrecciones. Lo mismo pasa con ilustradores modernos de renombre.

ERROR COMÚNMENTE ACEPTADO: El guerrero coge con la mano la lanza y el escudo, cuando resulta imposible que la lanza quede vertical, debido a la posición de la sujeción del escudo. Otra cosa muy distinta es si se tratara del escudo redondo. En ese caso sí es posible hacerlo, y aún así, se necesita la mano de un gigante para conseguir una buena sujeción del escudo y de la lanza a la vez.

POSICIÓN CORRECTA DE LAS ARMAS: El escudo en una mano y la lanza en la otra. La arqueología tiene estas cosas: tumba mitos. De estos errores está la historia llena: Cascos vikingos con cuernos, levantar el pulgar para salvar la vida de los gladiadores… etc.

TURDETANOS: Siempre dispuestos a la lucha

Hola a todos
Retomo la parte del blog dedicada a la historia, que ya hacía mucho tiempo había dejado de la mano de Dios, en favor de los tutoriales. En esta ocasión nos remontamos muchos siglos hacia atrás y nos vamos a la época de las guerras púnicas. En esta época poblaban España un grupo de tribus heterogéneas que los griegos bautizaron con el nombre de ÍBEROS (o Iberos, que de las dos formas es correcto). 
Formaban parte de Iberia pueblos muy distintos que nombrados de sur a norte tendríamos los turdetanos, oretanos, bastetanos, contestanos, edetanos, ilercavones, ilergetas, layetanos y otros grupos menores.

MAPA DE HISPANIA, Y LOS PUEBLOS QUE LA HABITABAN: IBEROS, CELTAS Y OTROS
 Su carácter fue descrito por los griegos, quienes se fascinaron por unos soldados que se lanzaban al combate sin miedo alguno y que resistían peleando sin retirarse aún con la batalla perdida, los guerreros a los que se referían eran mercenarios iberos reclutados por los griegos para sus propias guerras. Los iberos figuran en el ejército cartaginés en la toma de Cerdeña en el 600 AC y en todas las guerras Púnicas. También combatieron como mercenarios al servicio de los griegos en el 414 AC con Alcibíades, y en el 411 AC con Aristarco, en el 368 AC con Dionisio en socorro de los espartanos.
Los Iberos estaban divididos entre numerosas tribus o naciones encontramos, militarmente hablando, grandes diferencias entre ellos. Para empezar estaban los turdetanos, numerosos y siempre dispuestos a militar en los diferentes ejércitos púnicos, pero al mismo tiempo los menos capacitados para la guerra y por ello menospreciados tanto por los cartagineses como por los romanos. Los túrdulos, vecinos de los turdetanos pero mejores guerreros y por ello más temidos por los romanos. Los oretanos, de los que no se tienen muchos datos aunque sí se sabe que Aníbal eligió para contraer matrimonio a una joven de esa nacionalidad, Imilce, de Cástulo, la hija del regulo de esa ciudad. Muchos guerreros de esta ciudad militarían luego en las filas del ejército del general púnico. Sobre los ilergetes eran los más leales a los cartagineses cuando fueron tratados como aliados y amigos, más adelante y por abusar de ellos cambiaran de alianza. Los encontramos así durante toda la campaña de Hispania con uno u otro bando.

Pero dentro de toda esta amalgama de pueblos, solo hablaré de uno de ellos: Los Turdetanos
 

ORÍGENES
Tienen su origen en Tartessos, que había tenido una gran influencia griega, que supuestamente condujo a la desaparición de su monarquía a manos de los feno-púnicos como venganza por su apoyo a los focenses tras la Batalla de Alalia en el siglo VI a. C. De esta desaparición surgió una nueva civilización que, descendiente de Tartessos, se adaptó a las nuevas condiciones geo-políticas de su época. Perdido el enlace comercial y cultural que Tartessos mantenía con los griegos, la Turdetania se vio inmersa en la influencia cartaginesa, aunque desarrolló una evolución propia de la cultura anterior, de forma que la población turdetana se sabía descendiente de los antiguos tartesios, y a la llegada de los romanos, aún mantenía sus señas de identidad propias.
HISTORIA
En el año 237 a. C., Amílcar Barca desembarca en la vieja colonia fenicia de Gadir con el propósito de adueñarse de las riquezas mineras de Iberia. Esto, a pesar de la tradición de comercio con los cartagineses que hasta entonces había existido en la Turdetania, supuso el enfrentamiento abierto entre Cartago y varias ciudades de la Turdetania, especialmente las del interior. Los régulos turdetanos se opusieron al avance cartaginés por el valle del Guadalquivir con la ayuda de los mercenarios celtíberos, pero a pesar de ello, Amílcar consiguió su propósito de controlar las zonas mineras de Sierra Morena. De los textos de cronistas clásicos como Diodoro se deduce que la fuerte influencia cartaginense en la Turdetania y el poco ímpetu expansionista de Amílcar más allá de sus intereses económicos impidió que el enfrentamiento fuera mayor.
Por otro lado, los reyes turdetanos carecían de una organización global capaz de enfrentarse a la potencia militar cartaginesa, por lo que los ejércitos de los reyes Istolacio e Indortes, cuya resistencia fue mayor, fueron rápidamente derrotados y desmantelados o asimilados a las fuerzas de Cartago. Posteriormente, los caudillos cartagineses emprendieron la marcha hacia el levante peninsular para fundar «Akra Leuké», que sería su primera base permanente de operaciones en la Península Ibérica y que posteriormente se convirtió en la Lucentum romana.
Desde el año 197 a. C., casi todos los pueblos de Hispania se habían rebelado contra la presencia romana y sus despóticas maneras. El 195 a. C., Marco Porcio Catón entraba en Hispania con su ejército consular para aplastar las revueltas. Tras una triunfal campaña, Catón condujo a sus tropas a Sierra Morena, donde los turdetanos tenían sus minas. A pesar de que éstos habían contratado mercenarios celtíberos para combatir a los romanos, los tribunos emisarios de Catón convencieron o coaccionaron a los celtíberos para que se retiraran a sus tierras sin presentar batalla. Después de perder el apoyo militar celtíbero, los turdetanos fueron derrotados en Iliturgi, actualmente conocida como el cerro de Máquiz, en Mengíbar (provincia de Jaén).
Esta derrota significó la pérdida de sus posesiones mineras, lo que obligó a los turdetanos a permanecer en el valle del Guadalquivir, dedicándose a la agricultura y la ganadería. Por su parte, Catón regresó al norte atravesando la Celtiberia con el fin de amedrentar a los celtíberos e impedir futuros levantamientos, aunque a partir del 193 a. C., las rebeliones serían habituales.
ARMAS Y UNIFORME
Todas las fotos están sacadas del foro ACCIÓN 1/6. No son figuras pintadas por mi.

 Detalle de la falcata hispánica

 Fuentes:
En próximas entradas: miniaturas de TURDETANOS

Alegoría de la Batalla de Pavía. Parte 2: GALERÍA

Hola de nuevo

Pues como dice el título: mostrar y describir la viñeta ALEGORÍA DE LA BATALLA DE PAVÍA

 Escala: 28mm
Material: Las figuras son de metal; las banderas, de papel; los tambores muros y árbol, de plástico; el suelo, escayola y cartón

Descripción:
En primer término un lansquenete y un capitán español de caballería ligera.
Tras ellos las correspondientes banderas de ambas unidades: La de rayas verdes corresponde a los lansquenetes y las aspas rojas sobre fondo blanco SIN NUDOS, fue la bandera que lucieron los Tercios Españoles en dicha batalla. La caballería ligera estaba encuadrada en esta unidad.
A la izquierda se aprecian unos tambores con los colores franceses, rojo y blanco en aquella época. La bandera francesa sería o bien azul con flores de lis doradas para las tropas del rey, o bien, roja con una cruz blanca para el resto

Los estandartes se apoyan en un murete.

El resultado de la batalla fue desastrosa para Francia:12.000 muertos contando a dos de sus príncipes y su rey cayó prisionero. Los españoles perdimos a 500 de nuestros soldados.

Para ver el paso a paso: CONSTRUCCIÓN

Lansquenetes o MERCENARIO TUDESCO

Hola a todos
Hoy iba a hablar sobre unos soldados tan terribles en el campo de batalla como pintorescos en sus ropajes. Son los Lansquenetes, también conocidos en España como “Mercenarios Tudescos“. 

La palabra lansquenete procede del vocablo alemán landsknecht que significa «servidor del país». En España se les llamaba “tudescos” porque el origen de los primeros soldados de esta tropa procedía de dicha zona de Sajonia. 
Esta unidad fue creada por Maximiliano I de Habsburgo, abuelo de Carlos I de España y V de Alemania, y entrenados por maestros suizos en las técnicas de combate. Por esa razón usaban como armas principales la alabarda y la pica. También usaban la espada a dos manos (zweihänder), y, en caso necesario, otra espada corta llamada “destripagatos” (katzbalger). También usaron los arcabuces.
Organización:
     Dentro de los ejércitos, los lansquenetes quedaban organizados en regimientos, que podían reunir desde los 4.000 a los 10.000 efectivos, y posteriormente en compañías de 400 hombres cada una. Dichos regimientos tenían su propia estructura interna
Al frente de los mismos estaba un obrist (Coronel), responsable de las tareas de recluta. Primero elegía y reclutaba al locotenent (Teniente Coronel) su segundo al mando, y todos sus sirvientes. Después reclutaba a los hauptmann (Capitanes) para que se pusieran al frente de las diferentes fähnleins o compañías. Luego cada Hauptmann nombraba a su teniente y Alférez. Otros rangos incluían Comandante de la Corte Marcial y oficiales al cargo del abastecimiento y logística Asignados los cargos y responsabilidades, se procedía a iniciar una campaña de reclutamiento. Aquellos que desearan incorporarse como lansquenetes debían gozar de una buena forma física y, sobre todo, ser capaces de financiarse su propio equipo y armamento. Una vez seleccionados, recibían un sueldo y llevaban a cabo un juramento de fidelidad personal al emperador y a los oficiales del regimiento en el que quedaban encuadrados. Los más aptos para el combate y con mejores armas, denominados doppelsöldner (doble sueldo), obtenían una paga extra en compensación por sus servicios y su arrojo en la batalla.
Eran pues, mercenarios, como la mayor parte de los ejércitos de la época y perseguían la fortuna en el saqueo de las ciudades. Otro día hablaré de lo que se consideraba un “saqueo ordenado
Características
  • Eran tropas feroces.
  • Soldados valerosos y temibles en el campo de batalla.
  • Observaban el mayor orden y regularidad en el campo de batalla.
  • Marchaban a paso a compasado con el rugir de un trueno cuando se acercaban al enemigo.
  • Se amotinaban a la menor interrupción que experimentaba el servicio del sueldo.
  • Podían pasarse al enemigo si les aseguraban mejores sueldos.
  • Avidez de riquezas fundamentalmente por: pillaje, botín de guerra y se distinguían por actos de terrible crueldad. 
Respecto a su lealtad: Si la paga era puntual, eran de lo mejor en el campo de batalla. Pero cuando esta escaseaba, o no era puntual, se negaban a luchar, comportamiento que era muy contrario a los duros soldados de los Tercios de Flandes. 

Batallas célebres

  • Batalla de Fornone en el año 1495.
  • Batalla de Novara en el año 1510.
  • Batalla de Ravena en el año 1512.
  • En el sitio de Pamplona en el año 1512.
  • En la batalla de Mariñan en el año 1515

En Pavía se enfrentaron los leales al emperador contra los renegados de la Banda Negra (Lansquenetes al servicio del rey de Francia), ganando los imperiales gracias a la gran compenetración entre los tudescos y los Tercios.

Declive.
La proliferación de las armas de fuego hizo que esta tropa, armados casi exclusivamente con armas blancas, fuera cada vez menos útil en los campos de batalla, ganando espacio las las tropas combinadas, como los Tercios, y el uso de la artillería.

FUENTES:
http://es.wikipedia.org/wiki/Lansquenete

http://www.ecured.cu/index.php/Lansquenete

http://queaprendemoshoy.com/mercenarios-del-emperador-los-lansquenetes-alemanes-del-s-xvi/

http://www.alabarda.net/lilliputold/articulos/cebrian/landsknecht/landsnecht1.htm

Uniformes españoles de la Guerra de Independencia

El tema de los uniformes españoles durante nuestra Guerra de Independencia, es largo y muy complejo. Y lo es porque el conflicto duró mucho, nuestro país estuvo casi invadido, el ejército casi desaparece por completo en 1809 y tras ese año desastroso se crearon innumerables unidades para combatir al invasor y a cada una de ellas se le doto de un uniforme con lo que había en cada uno de los pueblos donde se reclutaron, y siguiendo el criterio del oficial que los llamaba a filas. Este desbarajuste se fue paliando poco a poco al reconstruirse el ejército en 1812, con una nueva uniformidad. Esta nueva uniformidad la lograron tener varias unidades, las mejor entrenadas, y convivieron con los otros uniformes que no desaparecieron hasta un año después de acabada la Guerra de Independencia, esto es, hasta 1815.

Este granadero lleva el uniforme oficial de 1812. El soldado de línea llevaba lo mismo, pero con un lazo blanco a modo de barbuquejo, y los tiradores, lo usaban de color verde. Hay otras diferencias, como la placa del chacó: los granaderos tenían una bombeta, los de línea un león y los tiradores un cornetín de caza.
Para que se vean más uniformes de la época, veremos más ejemplos:

Soldado del Regimiento de Ultonia: Irlandeses al servicio de la corona española. Uniforme anterior al inicio de la Guerra.

 Regimiento “De la muerte” su rendimiento no fue lo esperado. Aún así tuvieron sus victorias.
Fue dado de baja en 1810

Regimiento Patria en 1810

Dos láminas que ilustran las milicias

Solo de infantería hay más de 50 láminas distintas, y todas convivieron con todas en algún momento de la guerra. De hecho, las tropas de La Romana que llevaban unoformes obsoletos para la época, cuando fueron repatriados convivieron con otros regimientos de reciente creación, y distinta uniformidad.
Damos paso a la caballería. Le pasó igual que a la infantería. Pero el resultado es sangrante, porque no había caballos, o mejor dicho, no había caballos entrenados para la guerra. Nos pilló a medias entre dos yeguadas, fruto de la indecisión del Sr. D. Manuel Godoy. Respecto a la uniformidad, los colores oficiales eran unos, (amarillo, predominantemente para la caballería de línea, y a la húngara, para los húsares) pero lo real era más pintoresco:

Regimiento de húsares llevando el uniforme reglamentario

Coracero español. La coraza venía directamente de los suministros que los franceses enviaban a los suyos, pero al caer interceptados por los guerrilleros, sirvieron para proteger y uniformar a los españoles.

La chupa roja era de origen inglés, al igual que parte del armamento.

El origen de esta unidad era la guerrilla.

La conclusión: A la hora de hacer tu ejército español, bien para jugar, bien por el placer de tener una unidad bien pintada en tu casa has de hilar muy fino porque es muy fácil equivocar una unidad con otra, sin embargo, esta variedad te da una libertad enorme a la hora de los colores y las formas de los uniformes, pudiendo hacer una unidad de coraceros españoles a partir de una unidad francesa, por ejemplo.

Más uniformes españoles pulsando AQUÍ

Godoy, una visión particular, capítulo 5

El tratado de San Ildefonso

Tras la firma del tratado de paz de Basilea, en 1795, y debido sobre todo a la hostilidad mostrada por Gran Bretaña, que no cesaba de hostigarnos, se decide que ha llegado el momento de estrechar más los lazos y firmar “un tratado de alianza ofensiva y defensiva, comprensivo de todo lo que interesa á las ventajas y defensa común de las dos naciones”.

Así pues, el 18 de agosto de 1796, se firma el tratado de San Ildefonso en los siguientes términos (Copia literal)


Catherine-Dominique de Pérrignon,
firmante por parte de Francia del tratado de San Ildefonso


I. Habrá perpetuamente una alianza ofensiva y defensiva entre S. M. Católica y el rey de España y la República francesa.

II. Las dos potencias contratantes se garantirán mutuamente sin reserva ni excepción alguna, y en la forma más auténtica y absoluta, todos los estados, territorios, islas y plazas que poseen y poseerán respectivamente; y si una de las dos se viese en lo sucesivo amenazada ó atacada bajo cualquier pretexto que sea, la otra promete, se empeña y obliga á auxiliarla con sus buenos oficios, y socorrerla luego que sea requerida, según se estipulará en los artículos siguientes.


III. En los términos de tres meses contados desde el momento de la requisición, la potencia requerida tendrá prontos, y a la disposición de la potencia demandante, quince navíos de línea, tres de ellos de tres puentes ó de ochenta cañones, y doce de setenta a setenta y dos, seis fragatas de una fuerza correspondiente, y cuatro corbetas o buques ligeros, todos equipados, armados, provistos de víveres para seis meses, y de aparejos para un año. La potencia requerida reunirá estas fuerzas navales en el puerto de sus dominios que hubiere señalado la potencia demandante.


IV. En el caso de que para principiar las hostilidades juzgase á propósito la potencia demandante exigir solo la mitad del socorro que debe dársele en virtud del artículo anterior, podrá la misma potencia en todas las épocas de la campaña pedir la otra mitad de dicho socorro, que se suministrará del modo y dentro del plazo señalado; y este plazo se entenderá contando desde la nueva requisición.

V. La potencia requerida aprontará igualmente en virtud de la requisición de la potencia demandante, en el mismo término de tres meses contados desde el momento de dicha requisición, diez y ocho mil hombres de infantería, y seis mil de caballería, con un tren de artillería proporcionada; cuyas fuerzas se emplearán únicamente en Europa, ó en defensa de las colonias que poseen las partes contratantes en el golfo de Méjico.
VI. La potencia demandante tendrá facultad de enviar uno o mas comisarios, á fin de asegurarse si la potencia requerida con arreglo á los artículos antecedentes se ha puesto en estado de entrar en campaña en el día señalado con las fuerzas de mar y tierra estipuladas en los mismos artículos.
VII. Estos socorros se pondrán enteramente á la disposición de la potencia demandante, bien para que los reserve en los puertos ó en el territorio de la potencia requerida, bien para que los emplee en las expediciones que le parezca conveniente emprender, sin que esté obligada á dar cuenta de los motivos que la determinan á ellas.
VIII. La requisición que haga una de las potencias de los socorros estipulados en los artículos anteriores, bastará para probar la necesidad que tiene de ellos, y para imponer á la otra potencia la obligación de aprontarlos, sin que sea preciso entrar en discusión alguna de si la guerra que se propone hacer es ofensiva o defensiva, ó sin que se pueda pedir ningún género de explicación dirigida á eludir el mas pronto y más exacto cumplimiento de lo estipulado.
IX. Las tropas y navíos que pida la potencia demandante quedarán á su disposición mientras dure la guerra, sin que en ningún caso puedan serle gravosas. La potencia requerida deberá cuidar de su manutención en todos los parajes donde su aliada las hiciese servir, como si las emplease directamente por sí misma. Y solo se ha convenido que durante todo el tiempo que dichas tropas ó navíos permanecieren dentro del territorio ó en los puertos de la potencia demandante, deberá esta franquear de sus almacenes o arsenales todo lo que necesiten, del mismo modo y á los mismos precios que si fuesen sus propias tropas y navíos.
X. La potencia requerida reemplazará al instante los navíos de su contingente que pereciesen por los accidentes de la guerra, ó del mar; y reparará también las pérdidas que sufriesen las ropas que hubiere suministrado.
XI. Si fuesen o llegasen á ser insuficientes dichos socorros, las dos potencias contratantes pondrán en movimiento las mayores fuerzas que les sea posible, así de mar como de tierra, contra el enemigo de la potencia atacada, la cual usará de dichas fuerzas, bien combinándolas, bien haciéndolas obrar separadamente, pero todo á un plan concertado entre ambas.
XII. Los socorros estipulados en los artículos antecedentes se suministrarán en todas las guerras que las potencias contratantes se viesen obligadas á sostener: aún en aquellas en que la parte requerida no tuviese interés directo, y solo obrase como puramente auxiliar.
XIII. Cuando las dos partes llegaren á declarar la guerra de común acuerdo á una ó más potencias, porque las causas de las hostilidades fuesen perjudiciales á ambas, no tendrán efecto las limitaciones prescritas en los artículos anteriores, y las dos potencias contratantes deberán emplear contra el enemigo común todas sus fuerzas de mar y tierra, y concertar sus planes para dirigirlas hacía los puntos más convenientes, bien separándolas o bien uniéndolas. Igualmente se obligan en el caso expresado en el presente artículo, á no tratar de paz sino de común acuerdo, y de manera que cada una de ellas obtenga la satisfacción debida.
XIV. En el caso de que una de las potencias no obrase sino como auxiliar, la potencia solamente atacada podrá tratar por si de paz; pero de modo que de esto no resulte perjuicio alguno á la auxiliar, y que antes bien redunde en lo posible en beneficio directo suyo; á cuyo fin se enterara á la potencia auxiliar del modo y tiempo convenido para abrir y seguir las negociaciones.
XV. Se ajustará muy en breve un tratado de comercio fundado en principios de equidad y utilidad reciproca á las dos naciones, que asegure á cada una de ellas en el país de su aliada una preferencia especial á los productos de su suelo, y á sus manufacturas, ó á lo menos ventajas iguales á las que gozan en los estados respectivos las naciones más favorecidas. Las dos potencias se obligan desde ahora á hacer causa común, así para reprimir y destruir las máximas adoptadas por cualquier país que sea, que se oponga á sus principios actuales, y violen la seguridad del pabellón neutral, y respeto que se le debe; como para restablecer y poner el sistema colonial de España sobre el pie en que ha estado o debido estar según los tratados.
XVI. Se arreglará y decidirá al mismo tiempo el carácter y jurisdicción de los cónsules por medio de una convención particular; y las anteriores al presente tratado se ejecutaran interinamente.
XVII A fin de evitar todo motivo de contestación entre las dos potencias, han convenido que tratarán inmediatamente y sin dilación, de explicar y aclarar el artículo VII del tratado de Basilea, relativo á los límites de sus fronteras, según las instrucciones, planes y memorias que se comunicarán por el medio de los mismos plenipotenciarios que negocian el presente tratado.
XVIII. Siendo la Inglaterra la única potencia de quien la España ha recibido agravios directos, la presente alianza solo tendrá efecto contra ella en la guerra actual, y la España permanecerá neutral respecto á las demás potencias que están en guerra con la república.

XIX. El canje de las rectificaciones del presente tratado se harán en el término de un mes contándose el día en que se firme.

Hecho en San Ildefonso á 18 de Agosto de 1796.—(L. S.) EL PRÍNCIPE DE LA PAZ.—(L. S) PÉRIGNON.

En principio puede parecer que el tratado beneficiaría a España en su conflicto con Gran Bretaña. Pues no es así, ya que la primera consecuencia fue declarar la guerra abierta contra Inglaterra, lo que supuso un enorme gasto para las maltrechas arcas españolas al enfrascarse nuestra escuadra, no en la defensa de nuestras posesiones de ultramar (que era lo que el ingenuo de Godoy creía haber firmado) si no en el bloqueo internacional a la “Pérfida Albión”. Consecuencia directa de la firma de este tratado son las batallas de Cabo San Vicente (1797) y los combates en Santa Cruz de Tenerife, entre otros. 

La desastrosa situación económica en España y Gran Bretaña empuja a ambas naciones a deponer las armas y las relaciones de Godoy con el directorio francés se hacen tirantes.

Godoy, una visión particular, capítulo 4

La guerra contra la Convención.

     Como vimos anteriormente, nuestro personaje es ascendido al más alto honor concedido por la corona en un ambiente internacional enrarecido: Su antecesor, Aranda, había reconocido a la República Francesa con la esperanza de que España permaneciera neutral en la guerra que ya había comenzado. Lo cual supuso su destitución y el posterior nombramiento de Godoy como hombre fuerte. Esta fue una de las decisiones más nefastas que pudieran tomar los reyes, puesto que se necesitaba a alguien mucho más inteligente y que se supiera mover mejor en las turbulentas aguas internacionales.
    La guerra contra la Convención requiere un artículo propio, que viene a continuación, haciendo aquí un breve resumen de dicha guerra y sus terribles consecuencias, puesto que es, de hecho, el origen de todos los males posteriores.
    Tras la ejecución del rey de Francia (23 de enero de 1793), España no declaró inmediatamente la guerra, si no que se dedicó a esperar a que Francia se debilitara. Pero la maniobra no salió bien, pues fue Francia la que nos declararía la guerra el 7 de marzo de 1793.
     Al mando de la expedición española Godoy nombró al General Ricardos. Esta fue una gran elección, pues este era un o de los mejores generales del momento. 
General Ricardos

Al principio de la campaña las cosas no pudieron ir mejor para los españoles, siendo el único ejército de Europa que estaba derrotando a los revolucionarios, pero al final de la campaña, debido sobre todo a la falta de suministros, los españoles se tuvieron que retirar. Si a esto unimos las inoportunas órdenes de Godoy, la muerte de Ricardos y la contraofensiva francesa, da como resultado que en 1794 los franceses habían tomado parte de las provincias vascongadas. (Uso la nomenclatura del Siglo XVIII y XIX, no hay más que mirar un mapa de la época).
    Estando así las cosas, no se podía hacer otra cosa más que pedir la paz, que tras la muerte de Robespierre (28 de julio de 1794), también la deseaban los franceses, pues a pesar de sus éxitos no les había ido tan bien en la guerra y además evitaban así tener otro frente más abierto.
Maximilien Robespierre
    Al conjunto de tratados firmados con Francia se le conoce como La Paz de Basilea, según los cuales España recuperaba Guipúzcoa a cambio de Santo Domingo. Por la negociación de este documento se le otorgó a D. Manuel un nuevo (y pintoresco) título Príncipe de la Paz. Aquí, en España, se veía con buenos ojos esta nueva paz, pues se recuperaba, según la estrechísima visión de aquellos hombres, un aliado que nos ayudaría en nuestra particular guerra contra Gran Bretaña. Volvíamos a la antigua alianza Franco-hispana que según los reyes, nunca hubo de haberse roto. Así pues, tras la “fabulosa” negociación del tratado, y para reforzar nuestros lazos con la Francia amiga contra la “pérfida Albión”, se firmó el no menos nefasto Tratado de San Ildefonso, del que hablaremos más adelante.

Godoy, una visión particular, Capítulo 3

EL ASCENSO METEÓRICO

Hay que reconocer que pocas personas han ascendido tantísimo en tan poco tiempo. Habíamos dejado a nuestro protagonista en el año 1788 como miembro de la Guardia de Corps y amigo de los Príncipes de Asturias. 
Conde de Floridablanca



En aquel tiempo, el hombre fuerte era Floridablanca, nombrado por Carlos III y a su muerte, ese mismo año, dejó en su testamento que debía de permanecer en el puesto como hombre de confianza. Como se puede apreciar era una decisión forzada.  Cabe recalcar aquí que al futuro rey de España no le gustaba gobernar, es más, no quería. Lo encontraba engorroso y aburrido, y le distraía de sus aficiones, tales como la relojería. Además, Carlos IV no confiaba en él, o mejor dicho quería tener a su lado una persona totalmente leal a su persona y que no fuera impuesta. Si a esto sumamos la más que amistad que tenía María Luisa con Godoy, no sorprende que fuera este el elegido.
Asciende al trono Carlos IV el día 14 de diciembre y el día 30 es ascendido a Cadete supernumerario con servicio en palacio, lo que significa un gran honor y que los reyes ya contaban con D. Manuel como hombre de confianza. Pero no podían ponerlo aún como valido del rey puesto que no venía de una gran familia nobiliaria, si no de una familia de la baja nobleza. Había que dotarle de títulos importantes para que pudiera codearse con el resto de los nobles. Además, Floridablanca aún era el que verdaderamente mandaba en la Corte de Madrid, y no se iba a dejar pisar el terreno tan fácilmente por un recién llegado.
Llega el año de la Revolución Francesa, 1789, (toma de la Bastilla) y pululan por Francia los escritos revolucionarios. Floridablanca, que hasta la fecha había sido un ilustrado, ve el peligro de que dichas ideas puedan fraguar en España y se propone atajarlo cerrando las fronteras con nuestro vecino del norte. Ese mismo año, en mayo, Godoy es ascendido a coronel de caballería. 
En julio estalla la Revolución Francesa, y el primer ministro Floridablanca, hace que el cierre de fronteras sea más férreo (aunque no lo consiguió del todo), y mandó unas notas amenazadoras a Francia. No se podía tolerar la subversión del orden establecido en Francia, un vecino tan cercano. Como se ve, la situación internacional era muy tensa. En este contexto, los reyes (y sobretodo la reina) ya habían tomado la determinación de poner a su amigo al frente de España, pues en noviembre lo nombran caballero de Santiago, y en 1790, Comendador de la Orden. En 1791 pasa a ser mariscal de campo, gentilhombre de cámara y en julio es nombrado teniente general y se le otorga la gran cruz de Carlos III.
Ese mismo año es detenido en Francia Luis XVI, y la reacción de Floridablanca fue la de responsabilizar a la Asamblea de la seguridad del rey, consiguiendo el efecto contrario, agravando aún más su situación. Fruto de esta actuación fue la de aumentar la tensión entre ambas naciones. Además, acusó a Godoy de ser amante de Dª Mª Luisa, lo cual fue la gota que colmó el vaso: No solo había puesto en peligro la paz entre los dos estados, si no que además acusaba a la reina de tener como amante a un advenedizo adulador. El resultado fue su inmediata destitución y la cárcel. En enero de 1792 fue substituido por Aranda, su adversario político, y amigo de los revolucionarios franceses. Este nombramiento es visto por varios autores como una maniobra para situar a Godoy como favorito del rey, pues ese mismo año se le nombra duque de Alcudia (título con el que ya obtenía gran poder en el gobierno) y Grande de España. Aranda tuvo el tropiezo que estaban esperando: reconoció a la república francesa a cambio de la neutralidad de nuestra patria en la guerra que ya había comenzado contra Austria y demás países que no la habían reconocido. Aunque la decisión era oportuna, pues la Hacienda Pública estaba más que en horas bajas, no fue bien visto por los nobles españoles que veían un gran peligro en aquella revolución. Este fue el momento para nombrar a D. Manuel Godoy  como Secretario de Estado y darle el Toisón de oro.
Así pues, con 25 años de edad, Godoy se convertía en el Secretario de Estado más joven de España. No es que fuera mal visto por los coetáneos el que una persona tan joven ascendiera a tan gran honor, pues en Gran Bretaña se tenía un ejemplo parecido, si no que lo que sí se veía con muy malos ojos es el cómo lo había logrado. Como ya dije anteriormente, se debió no solo por ser amante de la reina, (se le atribuye la paternidad de dos de los hijos de la reina, y su suegra se refería a ella como pequeña bastarda epiléptica procreada por el crimen y la maldad), si no también por la amistad y lealtad para con con el rey, y la apatía de este para gobernar.

Godoy, una visión particular, Capítulo 2

Primeros años.

D. Manuel Domingo Francisco Godoy Álvarez de Faria nació en la calle Santa Lucía de Badajoz el 12 de mayo de 1767, hijo de José Godoy y Sánchez de los Ríos, y de doña María Antonia Justa Álvarez de Faria y Sánchez Zarzosa. El padre de D. Manuel era coronel del ejército, regidor perpetuo de Badajoz y alcalde de Santa Hermandad por el estamento nobiliario en 1768, 1778, 1779 y 1786, y su madre, era de origen portugués pero nacida igualmente en Badajoz. Ambos pertenecían a la nobleza de provincias, aunque venida a menos, lo que les permitía el acceso a cargos que sólo los nobles podían ocupar en aquellos tiempos. Así, por ejemplo, cabe destacar que varios antepasados de Godoy pertenecieron a las Ordenes Militares de Santiago y Calatrava, igual que el mismo y dos de sus hermanos (uno de ellos fue maestre de ambas). Para el ingreso en las mismas se requería probar nobleza no interrumpida en ocho grados.

El joven D. Manuel recibió una educación esmerada, adquiriendo conocimientos de matemáticas, humanidades y filosofía, así como instrucción en esgrima y equitación, siendo estos últimos conocimientos imprescindibles para poder ejercer cualquier puesto en la carrera militar.



D. Manuel Godoy



Al cumplir los 17 años, en 1784, fue enviado a la corte de Carlos III, donde ingresó en la Guardia de Corps, donde ya estaba su hermano mayor Luis.

El accidente que le cambió la vida

Tal y como cuenta su propio hermano: Manuel, en el camino de La Granja a Segovia, tuvo una caída del caballo que montaba. Lleno de coraje lo dominó y volvió a cabalgarlo. Como iba en la escolta de la Serenísima Princesa de Asturias, tanto esta como el Príncipe se han interesado vivamente por lo ocurrido.

Dado que D. Manuel estaba dotado de una conversación amena y un trato seductor se fue granjeando la simpatía y amistad de los Príncipes de Asturias, María Luisa y Carlos en 1788 cuando fueron presentados oficialmente.

   D. Carlos IV en su juventud                                                                    Dª. María Luisa de Parma 1789


















Hay autores que aseguran que tras el accidente D. Manuel y Dª. María Luisa fueron amantes, pero no hay pruebas de ello, aunque es cierto que Dª. María Luisa fue infiel a su marido en numerosas ocasiones. Por ejemplo se sabe que sí fue amante del hermano de D. Manuel, lo cual supuso que el rey Carlos III lo desterrara de la corte.
Lo que se puede desprender de este echo es que se granjearon una amistad mutua los príncipes de Asturias y el futuro valido y que tanto el fruto de esta amistad, como sus dotes como adulador y el carisma de D. Manuel, provocaron el inicio de una carrera vertiginosa. Lo que no se puede asegurar es que fuera ascendido por ser amante de la reina, pues de ser así, más de media corte madrileña habría tenido el mismo ascenso. Por tanto el ser, o no, amante de la reina es irrelevante para ver en ello la única razón de su ascenso.


Hasta ahora hemos visto lo que podría ser la vida de cualquier noble de su época; a partir de ahora veremos la vertiginosa ascensión hasta convertirse en el hombre más poderoso del reino y cómo fue enmarañándose la situación, las decisiones que tomó y las consecuencias de las mismas, hasta convertirse en el hombre más odiado de España. Pero eso será en siguientes capítulos.


Fuentes consultadas para el presente capítulo: WIKIPEDIA, ARTEHISTORIA.COM y Boadillla.com/pages/godoy.htm

Godoy, una visión particular

Godoy es un personaje crucial en la Historia de España. Quizá, si hubiera vivido en otra época sería uno más de la legión de políticos desconocidos que han poblado la política nacional. El problema es que era un ¿mediocre? que le tocó lidiar en un momento de la historia verdaderamente complejo, un momento en el que se necesitaba alguien más íntegro moralmente y mucho más inteligente.

Es un personaje crucial porque a causa de sus decisiones, de las malas decisiones,  de sus indecisiones y contradicciones, las consecuencias para nuestra Patria fueron nefastas. Según todos los historiadores de los siglos XIX y parte del XX que han estudiado a este personaje fue el culpable directo e indiscutible de todos los males acaecidos en España desde 1800 hasta el fin del reinado de Fernando VII. Sin embargo, los últimos estudios revisionistas, no solo le exculpan de la mayor parte de las acusaciones de traición, si no que además tratan de recuperar la imagen de D. Manuel. ¿Quién tiene razón? lo estudiaremos a lo largo de varios capítulos